Más amor y menos ibuprofeno

By Alberto Panizo on 4 March, 2016 in The Blog
0

craneosacral-panizo

“La combinación de más edad=más pastillas no acaba siempre en más salud. De hecho, cuanto más se llena de medicamentos el pastillero, más común es que aparezcan, involuntariamente, errores, efectos adversos y contradicciones, a veces de consecuencias serias”, señala el doctor Enrique Gavilán.

Las reacciones adversas a medicamentos son la quinta causa de muerte hospitalaria en la Unión Europea y, de hecho, son las responsables del 5% de todas las admisiones en hospitales, según datos del Sistema Español de Farmacología de Medicamentos de Uso Humano (SEFV-H). Según un informe de la Comisión Europea de 2008, se producen unas 197.000 muertes al año como consecuencia de efectos adversos de los medicamentos. “Por multitud de aspectos, los ciudadanos han entendido que hay que tomar medicamentos aunque uno no esté enfermo, como quien toma chuches, y más a medida que cumplen años. En algún momento hemos olvidado el objetivo final de los fármacos y hemos incorporado la medicación a nuestra vida, incluso, en los sanos”, señala Juan José Rodríguez Sendin, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), que aglutina a los colegios médicos.

¿Qué ha llevado a los españoles a consumir más medicamentos de los que se precisa? En parte, el hecho de que los fármacos estén financiados para una buena parte de la población ha tenido mucho que ver (hasta hace un par de años, los pensionistas no pagaban nada por los medicamentos recetados). A esto hay que sumar la ofensiva exitosa de la industria farmacéutica, que ha conseguido, a través de las campañas en los medios de comunicación, que los ciudadanos entiendan que los medicamentos son artículos de consumo y cuantos más se adquieran mejor. A esta táctica se suman otras vinculadas a la investigación y que han llevado, como aseguran responsables sanitarios, a modificar parámetros sanitarios para hacer necesario el uso de fármacos (el caso claro es el del colesterol elevado, índice que hasta hace unos años se encontraba en los 250 y que ha sido reducido a los 200, lo que ha aumentado de manera considerable la ingesta de estatina). O bien, como señala doctor Rodríguez Sendin, creando enfermedades que no lo son como tal (al menos en principio), como el síndrome del niño torpe, adelgazar con pastillas, la lucha farmacológica de la alopecia, la reducción de la necesidad sexual con los años…

“Cuando dejamos de sentirnos sanos y de disfrutar de la vida pasamos a engrosar un gran sector de la población que sufre sin causa y cumple con anatemas vitales deformados artificialmente”, indica. La profesión médica también ha contribuido a esta hipermedicación de la vida, como reconoce el responsable de la OMC. La presión de la industria farmacéutica (muy fuerte hace unos años, que incluían regalos y dádivas a quienes recetaran determinados fármacos) unido a la “escasez de tiempo” de consulta, que impide que el facultativo puede dedicarse más al paciente, en muchas ocasiones conduce al camino más fácil: la receta de un medicamento.

Antes de iniciar un nuevo tratamiento, hay que asegurarse de que no existen alternativas sin pastillas y de que el medicamento es realmente necesario. Es preciso ser conscientes de que un medicamento puede ser adecuado en un momento de la vida pero más adelante dejar de serlo o incluso llegar a ser perjudicial. Si debe tomar varios, es preferible que empiece primero con uno, luego con otro… y con la menor dosis posible, ya que no hay medicamento libre de riesgos. Y no olvide que lo nuevo no siempre es mejor: los fármacos que llevan más tiempo en el mercado son más conocidos y su uso suele ser más seguro.

Reglas básicas a las que se pueden sumar otras como que la vida lleva aparejada en muchas ocasiones dolor, tristeza y sufrimiento. “Eso es vivir. Recurrir a las pastillas para evitarlo en cierta manera nos impide vivir”, señala Rodríguez Sendin”.

(Fuente: La Vanguardia, Celeste López)

 

Facebook Twitter G+ Compartir

About the Author

Alberto PanizoView all posts by Alberto Panizo