Resiliencia y Recursos

Por Alberto Panizo el 13 septiembre, 2014 en Artículos, Blog
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Una historia
“Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.
El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.
Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.
Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman.
¡Cuán importante resulta el enmendar!
Cuánto, también, el entender que los vínculos lastimados y nuestro corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes. La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud…
La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto”.

Resiliencia y Recursos

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido. Se puede describir como la capacidad de recuperarse de la adversidad, de la crisis. Es una palabra que viene de la física y que describe la propiedad de la materia de retornar a su forma o posición original después de deformarse. Es una cualidad de elasticidad, tonicidad, flexibilidad, motilidad.

Las personas más resilientes, como ha demostrado la neurociencia,  tiene mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés y soportan mejor la presión. Podríamos decir que es una cualidad de fuerza interior,  y una habilidad para soportar dificultades.

La resiliencia es el convencimiento que tiene un individuo o equipo en superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota a pesar de que los resultados estén en contra, al final surge un comportamiento ejemplar a destacar en situaciones de incertidumbre con resultados altamente positivos.(E. Machacon 2011, «Aspectos vividos», nov.-dic. 2010)

Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas.

Se habla de niños con una enorme capacidad de resiliencia al maltrato, en contraposición con aquellos que posteriormente presentan enormes problemas de adaptación a diversas actividades de su vida (escuela, establecimiento de relaciones sociales consistentes, entorno familiar, etc.), pudiendo manifestar retraimiento excesivo o una gran agresividad, que en cualquier caso les lleva a ser muy vulnerables ante los demás y a proyectar sus sentimientos de rabia contra objetos o personas.

Podría decirse que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia. Es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso. El ser resiliente no es ser extraordinario: esta capacidad está en toda persona. La tarea es desarrollar esta capacidad con actitud y firmeza y va a depender de los recursos que tengamos y desarrollemos.

En una situación que es conflictiva debemos preguntarnos lo siguiente:

  • Tenemos recursos disponibles en ese momento.
  • Podemos activar y movilizar esos recursos.
  • Como terapeutas tenemos que ayudar a que el cliente se haga consciente de los recursos que tiene y como movilizarlos. Y mi experiencia en consulta es que todos tenemos recursos, aunque no los utilicemos.

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