Tacto profundo: craneosacral y liberación emocional

Por Alberto Panizo el 25 febrero, 2013 en Artículos
1

La vida es movimiento

A la Madre Tierra y al Padre Cielo
porque sé que de Ella y de Él proviene mi Verdad.

Los seres humanos somos partes integrantes del cosmos y seguimos sus leyes naturales con sus ritmos y ciclos. El hombre moderno en aras del progreso se aparta cada vez más de este ritmo natural, creando una manera de ser y de vivir artificial que nos produce  disfunciones a todos los niveles.

La vida se expresa como movimiento y hay una clara relación entre movimiento y salud. Todos los tejidos del cuerpo se mueven produciendo diferentes ritmos que se pueden palpar con manos sensitivas.

Todos estamos familiarizados con los ritmos respiratorio y cardíaco, pero no con el ritmo llamado Mecanismo Respiratorio Primario (MRP). El MRP es una respiración interna y profunda, que  entra en acción antes de la respiración pulmonar y es fundamental para el conjunto del organismo (se puede palpar hasta 15 min. post mortem).

Se expresa con diferentes niveles de percepción: el ritmo craneosacral (o impuso rítmico craneal), el ritmo medio y la marea larga (long tide).

La Terapia craneosacral: más allá del masaje

La Terapia craneosacral es un suave, delicado y profundo trabajo corporal que restablece el equilibrio psicosomático y potencia el poder de autocuración de nuestro cuerpo. No es una técnica de masaje, sino un trabajo corporal y emocional que accede a través de las manos del terapeuta al sistema craneosacral, que está en intima relación con los sistemas nervioso, musculoesquelético, vascular, endocrino y respiratorio.

En la investigación científica de hoy, es la Física Cuántica la que nos da mayores bases para nuestro trabajo. Algunos experimentos prueban que las partículas están interrelacionadas, que se influencian entre sí. He aquí algunas de las observaciones hechas en experimentos con quantums (partículas luminosas): El observador influencia lo observado, y cuando dos partículas cuánticas son llevadas a lugares opuestos del Universo y una se mueve, la otra resuena en concordancia. Esto nos da una idea de que cuando entramos en contacto con otro y, especialmente cuando estamos en un acto terapéutico, nos influenciamos mutuamente.

Como practicantes necesitamos aprender cómo ser neutrales a fin de que el sistema no responda sólo a nuestra  presencia, sino que realmente nos enseñe qué hay en el paciente en ese momento. Sólo así podemos cooperar con las fuerzas más profundas y ayudar al sistema. Es evidente que la terapia tendrá un resultado diferente dependiendo de la consciencia del terapeuta.

El terapeuta craneosacral ha aprendido a leer e interpretar el ritmo en diferentes partes del cuerpo, recibiendo información de los posibles desajustes y fulcros de inercia del sistema

Un poco de historia

El primero en investigar el “Mecanismo Respiratorio Primario”  a finales del siglo pasado, fue el Dr.W.Sutherland, discípulo del padre de la osteopatía, el doctor Taylor Still (1828-1917).

El doctor Still fue uno de los pioneros de la medicina holística. Buscó durante toda su vida la rearmonización del hombre con la naturaleza. Su forma de abordar la curación rechazaba la cirugía y las drogas, solamente utilizadas como última medida.Principalmente se apoyaba en un sistema de manipulación del cuerpo, que denominó osteopatía; ejercicios físicos y consejos sobre el estilo de vida.

Fundó en 1892 la primera escuela, la American School of Osteopathy, en Kirksville. Los principios de esta otra medicina basada en leyes naturales revolucionaron la medicina de su época.

Dr. Sutherland

Dr SutherlandEl doctor W. Sutherland (1873-1954) viendo la sofisticada anatomía  craneal tuvo una intuición a principios de 1900, “los huesos del cráneo tienen que estar construidos para permitir un movimiento respiratorio”.

Con esta primera inspiración en el año 1901 el doctor W. Sutherland comienza una vida de búsqueda e investigación desarrollando lo que hoy se llama la Terapia Cráneo-Sacral.

No fue fácil su camino ya que como todo pionero, que aporta nuevas ideas, tuvo muchos problemas incluso dentro del campo de la osteopatía.

Dedicó más de 30 años a estudiar la anatomía del cráneo y experimentó de diferentes maneras, aplicando presión en huesos concretos del cráneo y viendo la relación que tenían con diferentes disfunciones y cambios emocionales.

Desarrolló un sistema de examinación y tratamiento de los huesos del cráneo consiguiendo muy buenos resultados, basado en la idea de que los huesos no están soldados sólidamente sino que hay un micromovimiento o flexibilidad a través de las suturas en que se separan los huesos.

En el año 1948, a la edad de 75 años, el doctor Sutherland hace un cambio de paradigma en el concepto craneal. Tiene una segunda inspiración y quizás la más importante. Observó un problema que se liberó desde el interior del cliente, sin su fuerza o presión sino por el poder intrínseco de la persona. Hasta ahora estaba preparado para buscar el movimiento, el eje de rotación, la restricción y la descompensación en el movimiento y ayudarlo (al sistema) a moverse mejor.

Ahora reconoció que el movimiento era justo el resultado de fuerzas más profundas en juego, y por debajo del movimiento existían estados de bienestar y calma más profundos.

La orientación de su trabajo cambia radicalmente: para de hacer los protocolos y test de movimiento de huesos y membranas y comienza a trabajar y a cooperar con la potencia del sistema como conductor de la inteligencia innata del cuerpo. Comenzó a llamar a las fuerzas con la que estaba en contacto “el Aliento vital”, fuerza dinámica que crea constantemente al ser humano.

Posteriormente una línea importante de osteópatas salvaguardaron y desarrollaron estas ideas. Por otra parte ha habido un amplio desarrollo de esta técnica, apoyado en diferentes trabajos de investigación en  laboratorio (especialmente entre los años 1960 y 1980 en Estados Unidos), que han confirmado y ampliado los descubrimientos de Sutherland.

En realidad, el terapeuta no impone nada sobre el cuerpo de la persona, sino ayuda al poder autocorrector del organismo. Por eso en Estados Unidos el terapeuta craneosacral se llama facilitador. Y también es la causa de que esta terapia tan suave como efectiva, es segura y conveniente para personas de todas las edades. Desde adultos hasta niños y bebés, así como después de una operación o en condiciones de fragilidad, complementando el tratamiento médico o psicológico. Si no hay una patología concreta, la terapia nos ayuda a eliminar tensiones y bloqueos y a vivir la vida más plenamente, aumentando la vitalidad corporal.

Algunas patologías en que más comúnmente se aplica la terapia son: dolores de cabeza de tipo migrañoso o tensional; dolores y problemas de espalda y de aparato locomotor; tensión muscular; alivio del dolor; problemas articulares; problemas de oído, vista o boca; problemas digestivos; sinusitis y neuralgias faciales; estrés, ansiedad, cansancio crónico; traumas infantiles, niños hiperactivos; secuelas de accidentes; problemas emocionales.

Parte básica del trabajo son las técnicas de los “puntos de quietud” (stillpoint), manipulaciones revitalizantes del sistema craneal. Tienen un efecto meditativo, relajante y activador de las fuerzas de autocuración del organismo. En mi reciente DVD “Terapia craneosacral” (editorial Mandala- 2006) he mostrado algunas técnicas básicas de la terapia.

Liberación Emocional

Ya es un hecho aceptado, incluso por la medicina ortodoxa, la relación entre el cuerpo y la mente. Incluso diría yo la relación íntima entre cuerpo, mente, emociones y espíritu. En el campo de la psico-neuro-inmunología se han descubierto las conexiones entre los estados psicológicos negativos y su influencia en la respuesta inmunológica. En nuestro cuerpo se puede leer nuestro estado mental y emocional.

Nuestros estados emocionales, ya sean de estrés, excitación, represión…, se van a reflejar en patrones y posturas musculares características. Incluso los traumas físicos y emocionales del pasado están reflejados en nuestros tejidos, lo que denominamos “nudos de energía”. Incluso hoy en día sabemos que la gente que ha sido traumatizada guarda las memorias de esos eventos traumáticos en el cerebro y en el cuerpo. Frecuentemente, esta memoria se expresa en síntomas de numerosas enfermedades psicosomáticas, desorden de estrés postraumático, pesadillas y miedos, pensamientos negativos y comportamientos disociados. El cuerpo de una persona traumatizada está “desconectado” y contiene una gran tensión.

Los “nudos de energía” (“energy cyst”), término acuñado originalmente por la terapia craneosacral americana, son áreas de disfunción corporal que se manifiesta como obstrucción a la eficiente conducción de energía y electricidad a través de los tejidos del cuerpo (principalmente fascia). La función normal del cuerpo se ha inhibido en esa área y el cuerpo se debe adaptar a esa actividad desorganizada. Puede ser resultado de: traumas físicos, invasión patógena, disfunción fisiológica, problemas mentales y emocionales. Tomando como ejemplo un trauma físico, un accidente, el cuerpo tiene dos maneras de responder a la fuerza física de la injuria: empieza inmediatamente a disipar esta fuerza y el proceso natural de curación sigue, o la fuerza física impuesta en el cuerpo se retiene en lugar de disiparse. Si la energía no puede disiparse como calor, el cuerpo localiza y concentra la energía, encapsulándola o aislándola como un nudo de energía. El cuerpo se adapta a la presencia del nudo, comprometiendo el proceso normal de funcionamiento, se entorpece la movilidad fascial, se reduce la normal conductibilidad eléctrica de los tejidos envueltos, se reduce el flujo de energía alrededor de los meridianos de acupuntura. Todo esto debilita la energía corporal creando tensión y disfunción.

Factores importantes

Hay tres factores importantes para determinar si el cuerpo es capaz de disipar la energía traumática:

La cantidad de energía: si el impacto es demasiado grande puede comprometer la habilidad del cuerpo para disiparla.
Anteriores injurias en la misma área corporal: se vuelve una zona más vulnerable y puede comprometer la habilidad para disipar la energía.
Ciertos estados emocionales negativos: como el enfado, o el miedo paralizan la habilidad del cuerpo para disipar la energía. Si estos estados negativos son dominantes en el momento del accidente o injuria, el cuerpo probablemente retendrá la fuerza de la injuria desarrollando un nudo energético. Una vez que las emociones negativas se han descubierto y revivido con el apoyo del terapeuta, será más fácil liberar el nudo energético.

Integrar las diferentes visiones
A fin de entender las diferentes aproximaciones de la terapia craneosacral, las cuales son todas muy válidas, necesitamos distinguir entre aproximaciones biomecánicas y biodinámicas. En la aproximación biomecánica tendemos a trabajar con las manifestaciones mas físicas del sistema. Y exploramos sobre todo mediante examen activo del movimiento, pero también mediante percepción pasiva. En el principio biodinámico entramos en contacto con todas las fuerzas en juego con una visión del sistema que subyace en todo el trabajo. La fisiología corporal del cliente usa estos principios para autocorregir sus propios problemas.

En mi punto de vista necesitamos aprender a cooperar con el sistema del cliente, su programa personal y la necesidad vital de retornar a la Salud. Sutherland estableció los principios de tratamiento para trabajar con el sistema. Su aproximación al tratamiento puede ser resumido en sus propias palabras:

“Ser consciente del equilibrio profundo y permitir a la función fisiológica interna del cuerpo para que manifieste su inequívoca potencia, antes que aplicar fuerzas ciegas desde afuera”.

En este espacio de escucha nos aproximamos al cliente con respeto y  aceptación.

Artículo publicado por Alberto Panizo y Greta Adam en la Revista Natural, nº 61

Facebook Twitter G+ Compartir

Sobre el autor

Alberto PanizoVer todas las entradas de Alberto Panizo